La experiencia de la compra se ve enmarcada por un par de oficinistas que buscaban lo mismo que nosotros, algo cutre pero rápido y que quite esa molesta sensación de vacío en el estómago.
Bastó con meter las mini croquetas congeladas al aceite, para comenzar a envidiar la selección de aquellos oficinistas y percatarnos de que la cosa no iba a estar nada bien. Las croquetas formaron una masa homogénea, que por su tamaño era sólo comparable con una porción continental, estábamos sin duda, frente al desarrollo de una nueva Pangea, aunque seguro que ahí había más jamón.
La foto que se muestra, es de las croquetas ya después de algunos minutos en el aceite.
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